Leyendo viejos libros de mecánica
redescubrimos. una práctica olvidada:
utilizar agua en los motores de combustión
para aumentar su potencia, usada intensamente
hasta la Segunda Guerra Mundial por la
aviación militar.
Partiendo del supuesto de que el agua,
líquido polar compuesto por dos
gases entrelazados eléctricamente
por fuertes enlaces covalentes (entre
ellos puentes de hidrógeno) al
ingresar al motor podría sufrir
- entre otros efectos – una disociación
parcial al romperse enlaces moleculares
e intramoleculares por un proceso de termólisis
ante la combinación de la temperatura
del frente de llama de la combustión
y la compresión y que ello podía
dar – entre otros - como resultado
la obtención de un aporte adicional
de combustible - hidrógeno - y
comburente oxígeno -, el proyecto
consistió en investigar en la práctica
formas de debilitamiento de esos enlaces
del agua y lograr por distintas técnicas
que el fenómeno que ya sucedía
lo hiciera aún más.
Con mayor eficiencia energética
y reducción en el consumo de combustibles
fósiles se logra, además,
una reducción en la emisión
de CO2 (gas de efecto invernadero) y en
la contaminación local (emisiones
de humo particulado, nox, etc.)
Desarrollamos distintas generaciones
de equipos que someten al agua a determinados
procesos previos antes de su ingreso a
los motores.
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